La
formación se entiende como el proceso mediante
el cual la persona humana se desarrolla integralmente
y se perfecciona a través del descubrimiento
de la verdad y la construcción de la conciencia
moral. Es el proceso mediante el cuál se reconfigura
la persona en sus dimensiones volitiva e intelectual
a partir de la colaboración solidaria del formador
quien aporta, guía, orienta a la persona a encontrar
el verdadero sentido de su naturaleza racional, a distinguir
y relacionar los medios y los fines, a comprender el
sentido de su actividad y a elegir entre caminos en
distintas direcciones. Por lo tanto, esta actividad
requiere vocación, conocimiento, pero sobre todo
amor, amor a la enseñanza, amor a la verdad,
amor a la justicia, a la libertad, a la persona; para
que, sólo así, desarrolle su creatividad,
su libertad, su responsabilidad, su apertura y su autonomía;
es decir, a encontrar un sentido, unos valores y un
cúmulo de posibilidades para su vida.
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